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Vicente Torres
Sábado, 26 mayo 2012
los únicos transparentes de los que se tiene noticia son los hijos de los frailes

La transparencia como virtud

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El cerebro humano tiene como función la de ayudar a sobrevivir a su poseedor y para ello le hace ver las cosas del modo que más le convienen. Dado que en la naturaleza humana está escrita la necesidad de sentirse bueno, cualquiera que le pregunte a su cerebro en este sentido obtendrá el sí como respuesta.[Img #10012]


Pero quien tenga verdadero interés en el asunto debe someterse a un autoanálisis más elaborado. Y el resultado, si el autoanálisis es sincero ha de ser, más o menos, como el que le dijo Hamlet a Polonio: Si hubiera que tratarnos a cada uno según nos merecemos nos tendrían que moler a palos a todos.


Pero también los hay que en lugar de practicar ese exigente autoanálisis optan por otro recurso: la transparencia. Dicen: fulano es transparente, y con eso ya está catalogado como buena persona. Pero los únicos transparentes de los que se tiene noticia son los hijos de los frailes. Eso decían cuando se levantaba alguien en el cine, impidiendo la visión a los de atrás: ¡Eh, que no eres hijo de fraile! En la realidad, donde es necesaria la transparencia es en las cuentas de las empresas, públicas o privadas.


Hay quien cree que la bondad brota de forma natural, como los hongos del bosque, y a continuación se comporta de forma visceral y es cuando se comprende que piense de ese modo. Alguien que reconoce a esa persona como de su propia secta dice: es inteligente y buena. Y resulta imposible atar esa mosca por el rabo, porque inteligente, buena y visceral, todo al mismo tiempo no puede ser.

El mal brota de forma espontánea y se nutre del rencor, del deseo de venganza, de la codicia, del egoísmo y de cualquier otra hierba similar.


El bien sólo surge del deseo de hacerlo y del esfuerzo para conseguirlo. El bien requiere de mucha constancia, no sólo para hacerlo, sino para resistir la tentación de hacer el mal. Ya se sabe que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. El error consiste en creer que son pocos los que tienen poder, cuando cualquiera puede hacer alguna maldad, y generalmente de forma impune.
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